Una apuesta arriesgada

Agostinho Neto y Fidel Castro

Agostinho Neto y Fidel Castro

¿Por qué Fidel Castro ordenó una presencia masiva de las fuerzas cubanas en Angola en 1975? Treinta y cuatro años después,  esa decisión puede parecer inexplicable.

El 4 de noviembre, día en que se lanzó la Operación Carlota, la situación era crítica para el MPLA: la invasión sudafricana, iniciada a mediados de octubre, avanzaba sin grandes obstáculos por el sur; en las cercanías de Luanda el FNLA había lanzado un exitoso ataque en Morro do Cal, obligando a las FAPLA y a las fuerzas cubanas a replegarse en Quinfandongo; en Cabinda el jefe de las fuerzas cubanas, Ramón Espinosa Martín, se alistaba para un ataque del FLEC y los zairenses.

Todo presagiaba un desastre para los cubanos y el MPLA. «Era un asunto de sobreviviencia política para Castro, cuyo rol como líder cubano supremo y portavoz no oficial del Tercer Mundo se vería amenazado por una derrota en Angola», considera el historiador George Edward.

Por otro lado, un desastre militar en Angola habría sido difícil de enfrentar públicamente en el Primer Congreso del Partido Comunista, que comenzó el 17 de diciembre de 1975.

Sin la Operación Carlota, la historia angolana sería otra: los cubanos ganaron la batalla de Cabinda, destruyeron al FNLA en Quinfandongo y contuvieron el avance sudafricano. En abril de 1976, casi todo el territorio angolano era controlado por el MPLA y los cubanos.

Cuando Fidel Castro visitó Angola en marzo de 1977, fue recibido y festejado como un héroe, como pueden ver en este fragmento de un documental de la BBC:

La Habana tuvo la oportunidad de salir completa y victoriosamente de Angola, pero optó por una retirada gradual que pronto fue revertida por el propio Fidel Castro, probablemente obsesionado con propinar una derrota a «las fuerzas imperialistas» aunque fuera a miles de kilómetros de su país.

En retrospectiva, la presencia de tropas cubanas en Angola -se cree que en un momento determinado llegó a haber cien mil soldados- revela la falsedad de la propaganda oficial, que infundió miedo y hasta paranoia a generaciones de cubanos insistiendo hasta el cansancio en la constante amenaza de una «invasión yanki» . Si tal peligro hubiera sido real, Cuba no habría enviado el grueso de sus tropas a África.