Perros con odio

Soldados cubanos sobre un camión de abastecimiento en la carretera Menongue-Cuito Cuanavale, 1988 (Foto tomada del blog HavanaLuanda)

Soldados cubanos sobre un camión de abastecimiento en la carretera Menongue-Cuito Cuanavale, 1988 (Foto tomada del blog HavanaLuanda)

De la pierna sólo me acuerdo cuando llueve porque el muñón duele. A veces siento que “se me van a cruzar los cables” y me digo, aguanta, aguanta, falta poco porque todavía no es el tiempo. Entonces, siento miedo porque, aunque estoy como estoy, todavía puedo hacer mucho daño. Tú sabes que soy una máquina de matar. Aunque ahora nos ignoren y seamos como cacharros rotos, somos un verdadero peligro. Tú mismo viste lo bien que nos infiltramos en aquel campamento de la UNITA y luego lo que hicimos en aquel “kimbo” en donde luego se escondieron los que lograron escapar. Allí no quedó títere con cabeza.

La carta me llegó de Cuba. Me la envió uno de los tantos mutilados que dejó la guerra en Angola. Nos conocimos cuando él acababa de graduarse como oficial y lo habían enviado al 1er batallón de Destino Especial de la Brigada de Desembarco Aéreo. Luego, años después, lo entrevisté en el sureste angolano y pude, aunque estaba prohibido, acompañarlo junto a sus hombres a varias misiones en la retaguardia de las tropas de la UNITA.

Desde La Habana lo bauticé como Monstruo Prieto y le agradaba que le dijera así, como también que le hiciera fotos lanzándose en paracaídas o disparando en manguera y haciendo blanco. Cuando nos encontramos en Angola ya había alcanzado los grados de capitán y había sido siempre uno de los más destacados en los cursos impartidos por los rusos, los vietnamitas y los coreanos. El Cacho, Punto Cero, Los petis,  Candelaria…

Creo que en Angola se alegró por el encuentro y como uno, entonces, estaba en forma y conocía a tres o cuatro oficiales que odiaban la censura, pude hacer con su grupo dos o tres incursiones. Si lograbas vencer el recelo de aquellos muchachones, tenías garantizado un material de primera que, aunque la mayoría de las veces no dejaban publicarlo, valía la pena estar con ellos. La hermandad que nace en la guerra masturbando a la muerte o gozando con ella está más allá de cualquier ideología.

Para darte a respetar entre aquella gente era imprescindible haberte lanzado en paracaídas con el hombre que los comandaba, haber buceado con él, tener cinturón negro en artes marciales y haberte ganado un barril de cerveza jugando a la “ruleta rusa” con un Magnun .44 y, después de eso, haber hecho buenas fotos de todos e, incumpliendo la ley militar, habérselas hecho llegar a sus familiares de Cuba. La tribu de los cojonuces y los demás eran mierdas.

Descrito así puede parecer una fanfarronada, pero quienes de verdad han conocido la adrenalina y el machismo que se vive en un frente de combate, saben que digo la verdad. Para darte a respetar entre aquella gente tenías que subirle la apuesta y luego hacer tu trabajo. Era la única manera de que te respetaran. Hay gentes que han escrito de la guerra, han hecho algún viajecito hasta el lugar donde llegan los jefes y se han retratado de uniforme, con cantimploras de güisqui a la cintura, intentando imitar al Hemingway, y se han inventado batallitas. Esos, si han tenido la habilidad de subir “jalando levas” y acariciando el escroto de viejos generales, allá ellos. Pero quiero dejar muy claro que mienten.

La guerra de Angola no se escribió en la casa de ningún general cubano. Lo turbio, lo desgarrante de aquel conflicto se padeció bien adentro de la mata, allá, muy abajo donde nunca iban los jefazos. Allá, donde jóvenes que no llegaban a los 20 años vivían meses y meses, en unidades soterradas, sin ver la luz del sol. Allí, donde murieron muchos.

Monstruo Prieto y los suyos en el combate eran una piña. Llamaba la atención comprobar cómo, teniendo la mayoría caracteres muy espinosos, congeniasen tan bien bajo los tiros. Lo malo venía cuando tenían que encarar el tedio existente entre dos combates y cada uno se las arreglaba para hacer lo que le viniese en ganas o para buscarle las pulgas y sacar de quicio al compañero más cercano. Cubanos al fin, en momentos de apuros, eran la disciplina hecha personas, pero enseguida que aflojaba la tensión, sólo el capitán era capaz de entrarlos en camino. Aquel grupo de Destino Especial estaba formado en su totalidad por “prietos” y su jefe se reía conmigo al escucharlos referirse a los angolanos diciéndoles: “estos negros”.

-¿Pero y ustedes? ¿Y nosotros qué somos? – preguntaba para picarlos Monstruo-. ¿Qué cojones somos?

-Somos unos comecandelas. Somos los perros de la guerra. Somos unos monstruicos. Nosotros, aunque tengamos el mismo color que ellos, somos muy distintos.

Una sola vez toqué con el Capitán el tema de Angola y la presencia allí de negros cubanos y, esa madrugada, comprendí muy claro que algo muy gordo podía derivarse del conflicto.

-Mejor dejamos ese asunto, sugirió. Desde que Cuba es Cuba, siempre a los negros nos ha tocado lo peor. El día que a un loco se le ocurra pedir lo que reclamaban los de la Guerra de los Negros de Cuba, el día que los negros nos cansemos de ser deportistas, rumberos, singantes de turistas o carne de presidio… ese día vamos a tener jodienda. No, mejor lo dejamos, porque eso no es bueno ni hablarlo.

Nos fuimos de Angola y pasaron años hasta que volví a verlo.

-¿A que hubieras preferido ver mi nombre en un nicho a no encontrarme así? –preguntó a rajatablas al notar mi desconcierto-.Vamos, Loco, cambia esa cara que el jodido soy yo.

-¡Estas entero, Monstruo! –mentí-. Esto hay que celebrarlo. Vamos a echarnos unos buches.

-Loco, estoy en candela. No te conviene juntarte conmigo- me alertó, pero no le hice caso. Al ver mi insistencia, dijo: Ahora no puedo irme de esta esquina. Sí, aquí donde tú me ves, estoy trabajando. No, nada de las FAR. Me expulsaron. Me exprimieron o me dejé exprimir y, luego, a la calle. Es una historia sucia. Piénsalo, y si quieres venir, pasa a la 10 de la noche. A esa hora termino.

El trabajo de aquel condecorado ex capitán era cuidarle el automóvil a un ex subordinado suyo que, ahora, se había transformado en un próspero empresario con cargos en una de las empresas camufladas de Raúl Castro dedicadas al turismo.

-Me paga en dólares –me explicaría luego-. No sólo me ocupo de su carro, sino de que nadie robe en el apartamento que tiene camuflado para ver a sus niñas. Es muy jodido todo esto, pero hay que vivir. ¿Te acuerdas lo que te dije una noche? ¿Ves? Siempre a los negros nos ha tocado lo peor.

Lo recogí a la hora acordada y con dos botellas de ron, dos rifles, como dicen en La Habana, fuimos entrando en ambiente. Era bueno aquel ron y no demoramos mucho en calentarnos las orejas.

-¿Por qué te juntas conmigo? Te repito, estoy en candela. ¿Qué me miras? El pie lo perdí en Angola y todo lo demás, aquí. Sí, aquí, como lo oyes- afirmó y me miró desafiante.

-Estoy en deuda contigo. ¿Te acuerdas que me salvaste la vida cuando los G-5 comenzaron a machacarnos? ¿Piensas que no me doy cuenta cómo te sientes? No estás tan mal. Tu único problema es pensar en un país en donde no se puede pensar. ¡Negro atrevido! –le dije en broma.

Bebimos con premura hasta que nos dejamos cercar por el silencio que envuelve a los que sufren. Pasamos por la etapa en la que uno rumia todo lo vivido e intenta vanamente dorarlo y hacerlo más humano.

A quienes sólo hayan visto la guerra en películas, les pido comprensión.

Sepan que si uno “libra” en un conflicto bélico y se encuentra con un colega que pasó por lo mismo, casi siempre, para demostrar y demostrarse que ambos siguen vivos, vuelven a darle marcha atrás a la película y la comentan con cinismo, alejamiento y condescendencia. Es uno de los pocos lujos que pueden darse los que sobreviven. Incluso, los más inteligentes hasta humanizan al enemigo y a los muertos de los dos bandos porque es una forma de humanizarse ellos mismos.

-Soy negro de los que gustan de las negras. No soporto a esos que proclaman su negritud y, en cuanto pueden, se buscan una blanca. O sea, que yo sí vivo orgulloso de mi color y hubiera querido tener también hijos tan negros. ¿Me escuchas?

-Sí, claro que te escucho –afirmé-. Y sé que te graduaste como oficial en plena guerra y que tienes una hermana médica y que en tu casa, en tu familia nadie ha ido a la cárcel por robar. Sé que te ganaste los grados tirando tiros y no como tu ex ministro…

-No, me hables de ese maricón – dijo en voz baja como si intentara morderse la rabia-. Sí, dije maricón.

-Oye, compórtate, que ahora está de moda ser maricón y pueden acusarte de troglodita y machista –dije, y la provocación surtió efecto.

-Eso será fuera de Cuba, aquí, hasta mucho después que nosotros seamos polvo, los maricones serán maricones y esto será machismo o muerte. Que me acusen de lo que quieran, me da igual. Pero yo me refería a los maricones de alma, esos que aparentan ser hombres, matan gentes y tienen hasta hija que defiende fuera de Cuba a los maricones.

Se había desplayado y, al revés de casi todos los borrachos, bebía ahora con tragos lentos, como si aún pudiese saborear el gusto del ron.

-Desde que vine de África me da lo mismo un homenaje que un escándalo. Cuando mataron a Ochoa dije bien alto que aquello era un crimen. Así no se mata a un hombre. El General sabía menos de drogas que Guillermo García o Crescencio Pérez que tenía fincas llenas de marihuana y nunca les pasó nada. ¿Por qué no metieron en chirona a Aldo Santamaría y a Osmany Cienfuegos? Esos dos sí que comercian con drogas.

Claro, Ochoa le sabía a la guerra; tenía cojones; tenía gentes que le seguíamos y además, no era pesao. En las FAR, era insoportable tener que, en una recepción o en un acto, aguantar las bromas de Raúl Castro. ¡Ñooo, que pesá es la China esa cuando bebe!

Pensé que estaba tan metido en su monólogo y no me veía. Pero siguió en lo suyo:

-¿Estas ahí? ¿No te has apencaó porque le diga La China?

-Estoy a tu lado – contesté-. Sigue que te escucho.

-¿Sabes que le dije al de la contrainteligencia que me interrogó? ¿Sabes qué pasó cuando me vino con el cuento de que yo tenía que estar loco, porque ningún negro, por agradecimiento, podía estar en contra del Comandante?

Lo miré a los ojos como se miran los perros cuando se retan y él atacó con su relato:

-Tuvieron que romperme la cabeza con el cabo de una pistola, dejarme sin sentido y ponerme una inyección. Después me ingresaron en una sala con locos y me pusieron electroshock. No importa. Me di el lujo de romperle la cara con mi prótesis. Me quedé sin pierna, pero ese nunca más se mete con un negro patriota. ¡Mira que ofender a un perro de la guerra.¡Atrevido! ¡Parejero!

Y, tras las últimas expresiones, se echó a reír porque recordaba mis carcajadas cuando se las escuchaba decir en Angola. Intenté complacerlo y hacer como entonces, pero parece que no pude y él me tiró un cabo:

-Oye, Loco, quita esa cara. Total, ¿para qué quiero dientes si no hay casi que comer? ¿para qué las dos piernas si no tengo a ninguna parte a donde ir?

-Una pierna la perdiste en África pero la otra, ¿te la echaron a perder ellos en el interrogatorio? ¡Hijos…

-Tranquilo – me contuvo-. No, lo de la otra pierna no fue en el interrogatorio. Esperaron a darme del alta del hospital y como a la semana, cuando regresaba a mi casa me cayeron arriba. Eran un montón y lo traían todo estudiado. Fractura de cráneo, dijo el médico.  Me dejaron sin dientes y, para colmo, con un martillo, me fracturaron los dedos de la pierna buena. Después me metieron una botella de alcohol de hospital en la boca y entre todos me la hicieron tomar. La policía dijo que había sido una pelea entre locos y borrachos. Nunca aparecieron los agresores. Quiero que sepas que esa noche no me había tomado ni un trago.

Lo que escuchaba era tan fuerte que me bebí a morro lo que quedaba de la segunda botella. Monstruo, prosiguió como si la historia no fuera la suya:

-¿Sabes a quién me mandaron al hospital? Pues al oficialito de la contrainteligencia que me interrogó. Me vino con el cuento que la Revolución no olvidaba a sus hijos aunque estuvieran como yo: locos y equivocados. Le dije que sí con la cabeza y se lanzó a decirme que yo era un héroe y tal y tal. En resumen, me propuso que me convirtiera en chivato y le dijera quiénes más, de los que estuvimos en Angola y Etiopía, estaban conspirando.

-¿Y? –pregunté en tono provocador.

Monstruo, más distendido, se acarició el muñón de la pierna y arrellanado en el asiento, dijo:

-Volvió a subestimarme. Llegó a decirme que si colaboraba, me aceptarían de nuevo en las FAR y hasta me ascenderían. Volví a decirle sí con la cabeza. Oriné en el pato de cristal y con la mano buena se lo tiré al rostro y, por suerte, volví a darle en la caraza. Me sublevé. Volvieron a inyectarme. No sé cuantos días estuve fuera de circulación. Pensé que esa vez sí me iban a pasar por la piedra. Pero, no. Quizás todavía no les han dado la orden.

-¿Y qué harás? –dije ya por decir algo y con la corazonada de que aquel sobreviviente estaba ya para el arrastre. Sin embargo, debo reconocer que me equivoqué.

-¿Tú confías en mi? –preguntó sin ocultar el cansancio.

-Sí –respondí al momento-.¿Y tú? ¿Confías en ti?

-Sí, pero yo pregunté primero- se defendió y pasó a la ofensiva-. No nos subestimes. Fuimos y somos muchos los que aprendimos a matar en Angola y en Etiopía. Fuimos y somos muchos los puteados.

Muchos, a quien no nos sirven para nada las medallas. Somos demasiados los que vivimos en Centro Habana, la Lisa, Palo Cagao, Guanabacoa y Buenavista. Somos muchos los que sabemos a qué huele la sangre. De nosotros nadie escribe. Nos enseñaron a ser perros de la guerra. Cuando la jauría encuentre un jefe, empezará el cerco. Si quien tú sabes y la China no acaban de irse, sí siguen, puedes estar seguro que vamos a ponernos majaderos.¡Atrevidos y parejeros que son! No se dan cuenta que somos perros con odio. Somos un peligro.

Pienso en Monstruo y en los miles de cubanos que cumplieron misión internacionalista y no puedo dejar de pensar en su advertencia de que son un peligro.

(Relato del periodista Emilio Surí Quesada, publicado originalmente En La Nueva Cuba)

9 respuestas

  1. Yo soy internacionalista que palabra mas larga como los meses que tenian que pasar para volver a ver a la familia e amigos la novia no la menciono pues todos dejabamos una y al regreso habia que buscarse otra Yo llegue a Angola en el 1979 y me fui en el 1981 tenia entonces 19 primaveras mi especialidad era zapador y estuve en la vanguardia de muchas y primeras caravanas es por eso que rrecorri casi todo el pais a mi regreso nunca me dieron las medallas pues me confundieron con el nombre de mi padre que habia estado en Etiopia los oficiales me dijeron que tenia que llenar no se cuantas planillas (papeleo) y yo le respondi que cuando fui no tuve que escribir tanto pero tengo muchos amigos que lo saben y mi familia y sobre todo mi hijo que ya es un hombre hoy en dia vivo en Estados Unidos de America y veo cuan orgullosos esta el pueblo de sus veteranos pero ami y a todos los que pasaron por Angola quizas algun dia como la cancion de Frank Delgado nos llamen VETERANOS DE ANGOLA

  2. You’re the one with the brains here. I’m wacithng for your posts.

  3. Ese Suri se debate entre el odio y la demencia siempre inventa de la misma manera.

    • Rita o rito, qué lastma que te escudes detrás de un pseudónimo. a lo mejor confundes algo personal- lo lamento- con el texto. njo odio, sólo viví, conozco y escribí de la guerra

  4. La verdad es que hasta que no saquemos a estos sujetos dictadores con fuego, no se han de largar son muy descarados para hacwer tal cosa.

    Pero los tenemos cercados con fuego

  5. saludos a todos en el foro me interesé recientemente por el tema sinceramente desconocia mucho sobre la intervencion cubana en el conflicto he leido bastante sobre el tema y tengo una duda que no puedo aplacar, que tal era el poder de las sadf en el momento de la guerra.. se podia comparar en entrenamiento y equipamiento con el ejercito de EEUU el britanico o el israelí? siendo que era un ejercito blanco anglosajon heredado de los colonos ingleses, me cuesta imaginarme que estubieran en retirada o que los comandantes cometieran errores propios de ejercitos no profesionales. Tomo por ejemplo la «fiebre de retirada» de los yanquis en Corea fue la ultima vez que el ejercito estadounidense fue humillantemente forzado a dejar el campo de batalla.
    Otra pregunta ¿fue la falta de buen armamento de combate por el embargo internacional que impidio al ejercito sudafricano ser demoledormente letal contra la coalicion cubano-angolana? espero me aclaren las interrogantes saludos desde Argentina

    • Rodrigo,
      Desde el punto de vista profesional, las SADF que participaron en el conflicto angolano, demostraron tener excelente preparación. Compararles con el ejército de los Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel, no sería hacer honor a la verdad.
      Debo aclararle que no estaban constituídas, en su totalidad por militares blancos anglosajones. En sus filas se encontraban negros africanos de diferentes etnias. Por otra parte, no se batieron en retirada. Tampoco cometireon errores tácticos, aunque si estratégicos, pero de éste error no se puede culpar a los militares. El error estratégico fue de carácter político, incidiendo directamente en las operaciones militares.
      La retirada de las SADF no es comparable con lo sucedido en Corea o Viet Nam. Las SADF se retiraron ordenadamente y sin hostigamiento alguno en el Flanco Sur Oriental del Frente Sur. En el Flanco Sur Occidental se produjeron algunas escaramuzas (entre las partes contendientes) durante la ocupación de posiciones por parte de la División 50 (topas élites cubanas), en su avance desde Lubango hasta Ruacaná.
      El armamento utilizado por las SADF era de primerísima calidad. Solo la aviación tuvo cierta desventaja generacional, a los efectos practicamente despreciable. La aviación de las SADF no se empleó a fondo.

  6. Excelente.Emilio Suri es muy buen escritor.
    Estoy cansado ahora Tengo que regresar a leerla completamente.

    En este parrafo, creo que el «no» sobra.

    -¿A que hubieras preferido ver mi nombre en un nicho a no encontrarme así? –

    • No, Orlando, te prefiero siempre vivo, aunque las cicatricez nos quemen siempre por dentro. el muertoque lo ponga l enemigo y wel enemigo es quien tu imaginas y yo también. ahora vendrán los hijos de los hijos a quereer el poder y nueva carne de cañon irá a la guerrra., pero antes que paguen los que masacraron al pueblo.

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